
Entonces, también en la pesadilla, un montón de putas salieron de todos los rincones y empezaron a perseguirlo tirándole piedras y zapatos con taco aguja y mazos de naipes del Tarot.-No nos insultes, Álvarez -gritaban las putas-: nosotros somos putas por necesidad. Tú eres puta porque te da la gana.Álvarez corría menos rápidamente de lo que debía -eso pasa en todas las pesadillas- y al fin era alcanzado por ese puterío en armas que lo descuajeringaba, lo troceaba y lo desaparecía.Álvarez despertó sudando de ese sueño profético. Despertó porque el teléfono había timbrado. Lo llamaba un empresario de caravanas que, además, era dueño de un burdel muy famoso. La llamada era para contratarlo.

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