
Jubilarse en el Perú se ha convertido en un vía crucis por las triquiñuelas de la ONP, que centraliza la mayor parte de trámites para el retiro de los trabajadores que cotizan al Sistema Nacional de Pensiones. Como dicho sistema es deficitario –tanto porque hay tres millones de asalariados en las AFP, como porque el Estado lo desfinanció saqueando sus recursos– la siniestra política de la ONP consiste en denegar pensiones o concederlas diminutas, para lo cual contrata a estudios de abogados de segunda fila que viven de chupar la sangre de los candidatos al retiro.

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