viernes, 12 de diciembre de 2008

EL CABALLO GAY DEL GENERAL DONAYRE…

La verdad es que este columnista simpatizó con el general cuando su comandante en jefe, o sea el doctor García, se puso la mayordomía a cuestas y llamó a la señora Bachelet para pedirle disculpas por unas palabras sacadas de contexto y dichas en clave de humor negro y patriotismo inercial।

Y seguiría simpatizando con el general si no hubiese visto parte de su caballuna despedida। Ya es mucho escuchar a un general lloriquear. Pero escuchar a un general gimotear, es algo intolerable. Y ver a un general haciendo pucheros, es algo de salir despavorido. Y tener que oír la apología que hizo de sí mismo, es toda una lección. El general demostró tener el ego de un mamut montado sobre la calavera emocional del cuy mágico.

Eso no fue lo peor, sin embargo। Lo peor fue ese desfile duplicado, esa ronda del general montado en un caballo de paso amaneradísimo -porque el caballo de paso es, legítimamente, el gay de los equinos-, ese número de circo que quedará para la historia del ridículo.

Hubo un momento de confusión y relincho y aplausos de caballería en el que era imposible saber si la segunda pasada ante el respetable la había decidido el general que coqueteaba con la posteridad o el coqueto caballo que lo zarandeaba de modo tan profesional.
No era el caballo alado que fue hijo de Medusa y ayudó a liberar a Andrómeda y a matar la Quimera. No era Pegaso. Era una bestia ambigua de amblar torcido llevando a un general ambiguo al que la política espera con los brazos abiertos.


































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